“Con
la elaboración de dicho blog de la buena vida tengo la intención de demostrar ante
Grecia entera mis conocimientos culinarios, adquiridos en mi recorrido por toda
la tierra y el mar, buscando siempre lo más interesante para narrar de forma
precisa,; dónde se halla cada comida y
bebida de la mejor clase.”
Arquéstrato de Gela
1. Cómo prepararse para un banquete.
22 de Poseideion
Hace unos días tuve el placer de asistir a uno de los banquetes más famosos de todos los tiempos.
Allí se habían reunido todos los personajes más celebres de Grecia y Roma.
Nicias, Pericles, Aspasia, Gorgo, Frine, Marco Antonio y Cleopatra.
Dedicamos toda una hora entera a prepararnos para este gran banquete.
Os diré paso a paso cómo lo hicimos.
Cuando ya estaban a punto de servir los platos.
Llegaron una serie de invitados sin avisar.
Menos mal que no llegaron con las manos vacías. Pues trajeron todo tipo de manjares.
Algunos se dedicaron a gastar bromas.
6. Luego, vino mi parte favorita, la comida.
Algunos decidieron seguir las recetas de mi libro, otros lo hicieron por su cuenta. Pero, de todos modos, la comida era exquisita. Echad un vistazo a los platos vosotros mismos.
Estos eran los invitados:
Aspasia
Pericles
Frine
Gorgo
Nicias y Marco Antonio
Cleopatra y sus amigos
Preparación para el banquete:
1. Primero nos confeccionamos un amuleto, para que aquella noche transcurriese sin ningún percance.
2. Quisimos también consultar a la Pitia qué tal iba a ser la velada. Y así ir con todo tipo de precauciones.
Por suerte, todas las respuestas fueron favorables.
3. Confeccionamos nuestras coronas a juego con nuestros vestidos. Porque quién sabe, quizás nos libre de una gran borrachera.
4. Fue difícil escoger el atuendo perfecto para el banquete. Nos costó más de una disputa entre nosotros. Pero, al final, la cosa acabo bien.
Ahí los tenéis, sobran las palabras:
Llegamos a hora de las libaciones pertinentes para empezar el banquete:
5. Antes de comenzar todo banquete, hemos de hacer unas libaciones (brindis) en honor a Dionisio y a Zeus.
Cuando ya estaban a punto de servir los platos.
Llegaron una serie de invitados sin avisar.
Menos mal que no llegaron con las manos vacías. Pues trajeron todo tipo de manjares.
Algunos se dedicaron a gastar bromas.
6. Luego, vino mi parte favorita, la comida.
Algunos decidieron seguir las recetas de mi libro, otros lo hicieron por su cuenta. Pero, de todos modos, la comida era exquisita. Echad un vistazo a los platos vosotros mismos.
7. Finalmente, nos pusimos a bailar un poquito, tras unas copas de vino.
Bueno, espero que hayáis disfrutado tanto como nosotros.
Un abrazo,
Arquéstrato de Gela.
_SUFRIMIENTOS DE AMOR _
DE PARTENIO DE NICEA
DE PARTENIO A CORNELIO GALO,
SALUDOS
Pensando que es
adecuado a tu persona, Cornelio Galo, la colección de sufrimientos amorosos,
tras reunirlos de la forma más breve posible, te la envío.
En verdad estos
relatos se encuentran en algunos poetas, si bien no narrados de una manera
completa; espero que de ellos sacarás el máximo provecho.
Tú mismo podrás
adaptar en poesía épica y elegíaca los motivos más adecuados de entre ellos. Y
porque en ellos no esté presente la elegancia que tú, ciertamente persigues, no
tengas peor opinión acerca de los mismos; pues los hemos reunido a modo de
notas mnemotécnicas, y ahora te prestarán, como es natural, un servicio
semejante.
I.
SOBRE
PALENE
Cuentan la historia Teágenes
y Hegesipo en sus Paleníacas.
Se
cuenta que Sitón, rey de los odomantes, tenía una hija, Palene, bella y
encantadora y por este motivo su fama se propagó hasta el último confín, y que
sus pretendientes iban y venían continuamente no sólo de la propia Tracia, sin
algunos también de aún más lejos: de Iliria de los que habitan junto al río
Tanais. Al principio Sitón exigía a los pretendientes que se presentaban
combatir con él para poder llevarse a la muchacha y, si resultaban perdedores,
eran condenados a muerte.
De este modo, mató, ciertamente, a muchos. Pero,
después, cuando su vigor le empezó a abandonar más y más, y comprendió que
debía desposar a la joven, invitó a dos que habían venido en calidad de
pretendientes, Driante y Clito, a combatir entre ellos, acordándose la muchacha
como premio y que el uno, el vencido, moriría, y el otro, el vencedor,
obtendría el reino y la hija.
Cuando llegó el
día señalado, Palene que estaba enamorada precisamente de Clito, temía mucho
por él. Pero no se atrevía a comunicárselo a ninguno de los suyos, y copiosas
lágrimas se deslizan por sus mejillas, hasta que su anciano ayo, al enterarse y
conocer su dolor le recomendó tener confianza, ya que el asunto se realizaría
en la medida que ella deseaba.
Él sobornaba en
secreto al auriga de Driante y lo convence para que no sujete las clavijas de
las ruedas que deslizan el carro, después de haberle prometido una fuerte
cantidad de oro. Entonces, cuando se aprestaba para el combate y Driante se lanzaba
contra Clito, las ruedas se le desprendieron del carro y Clito le da muerte
lanzándose sobre él que estaba caído en esta manera. Pero Sitón, al conocer los
amores y la maquinación de su hija, después de amontonar una gran pira y de
colocar encima a Driante, pensaba en sacrificar también a Palene.
Pero, a causa de
una aparición divina y de caer inesperadamente una cantidad de lluvia cambió de
opinión, y, deseando dar satisfacción con las nupcias a la multitud de los
tracios allí presente, permite a Clito casarse con la joven.
II. SOBRE LEUCONE
En
Tesalia, Cianipo, hijo de Fárace, habiéndose enamorado apasionadamente de
Leucone, una joven muy bella, la convirtió en su esposa, después de pedir su
mano a sus padres.
Él
era un apasionado de la caza, Durante el día cazaba leones y jabalíes, ypor la
noche regresaba junto a su esposa muy cansado, de manera que, a veces, sin
mediar palabra con ella, se sumía en un profundo sueño.
Atormentada
por la aflicción y el dolor, estaba ella inmersa en una gran perplejidad y
procuraba espiar a Cianipo, para saber qué era lo que hacía en su estancia en
el monte que le placía tanto.
Tras
ceñirse al instante hasta las rodillas, a hurtadillas de las sirvientas, se
internó en el bosque.
Las
perras de Cianipo perseguían a un ciervo; éstas no eran muy mansas, ya que se
habían asilvestrado a causa del mucho tiempo que estaban de caza.
Tan
pronto que olfatearon a la muchacha, se precipitaron sobre ella y, al no haber
nadie presente, la despedazaron toda.
Y
así le llegó el fin por amor a su legítimo esposo.
Cianipo,
cuando, al llegar, encontró a Leucone mutilada, fue invadido por una gran
amargura, y tras llamar a sus compañeros y levantar una pira, colocó a aquella
encima. Él mismo degolló, primero, a las perras sobre la pira y, después,
llorando profusamente a la joven, se dio muerte a sí mismo.
III.SOBRE ANTIPE
En el país de los caonios un adolescente
de las casas más nobles se enamoró de Antipe. Tras seducir a ésta con todo tipo
de argucias, la convence para que se uniera a él. Claro está que ésta tampoco
estaba libre de amor hacia el joven. Y, desde entonces, ocultándose de sus
padres, dieron satisfacción a su pasión.
Pues bien, con ocasión de celebrarse una fiesta pública entre los
caonios y mientras todo el mundo se
banqueteaba, alejándose llegaron a un encinar.
Pero, casualmente Cíquiro, el hijo del rey, se encontraba persiguiendo
un leopardo. Cuando éste estuvo acorralado en aquel encinar, le lanza el
venablo.
Pero marra al leopardo y alcanza, por casualidad a la joven.
Creyendo haber abatido a la fiera, llega
a caballo más cerca y, tras observar al muchacho que tenía las manos sobre la
herida de la joven, perdió la razón y, arrebatado por el vértigo, resbala del
caballo en un lugar escarpado y pedregoso. Y allí mismo murió.
Los caonios, por honrar a su rey, levantaron una muralla alrededor
de aquel lugar y llamaron a la ciudad Cíquiro.
Hay quienes dices que aquel encinar estaba consagrado a Epiro, la
hija de Equión, la cual, tras partir de Beocia, andaba en compañía de Harmonía
y Cadmo, llevando las reliquias de Penteo, y que, cuando murió, fue enterrada
en este encinar: de aquí que también esta tierra sea llamada, por ella, Epiro.
IV.SOBRE DAFNE
Acerca de Dafne, hija de
Amiclas, se cuenta esta historia.
Ella jamás bajaba a la ciudad ni se mezclaba con las demás doncellas,
sino que, después de aprestar a las perras, iba de caza internándose no sólo en
la región de Laconia, sino en los otros montes del Peloponeso.
Por esta causa era muy grata a Ártemis, y ella le hacía disparar
apuntando bien.
Vagando ella por la región de Élide, Leucipo. Hio de Enómano, fue
presa de su amor, y desechó la idea de conquistarla de cualquier manera.
En efecto, después de vestir ropas de mujer y semejante en todo a
una doncella, cazaba con ella.
Y sucedió que, de algún modo, él se ganó su efecto, de forma que
no lo dejaba ir, abrazándolo y estando pendiente de él a todas horas.
Pero, Apolo ardiendo también él de deseos por la joven, lo
sobrellevaba con ira y celos porque siempre estaba con Leucipo, e infunde en la
mente de Dafne la idea de bañarse con las demás jóvenes que habían ido con ella
a una fuente.
Apenas llegaron allí, comenzaron a desnudarse, y al ver que
Leucipo no quería hacer lo mismo, le rasgaron los vestidos. Al comprender el
engaño y que preparaba insidias contra ellas, todas dispararon sus lanzas
contra él.
Y él, por voluntad de los dioses, desapareció.
Dafne, por su parte, al ver que Apolo iba hacia ella, huyó decididamente.
Mas, como era perseguida, implora a Zeus para que le aparte del alcance de los
hombres.
También cuentan que se transformó en un árbol, que por ella se
llama Dafne (el laurel).
UNA BELLA HISTORIA DE AMOR.
MARCO ANTONIO Y CLEOPATRA
LA BATALLA DE ACCIO;
ANTONIO DESAFIA A CÉSAR EN MEDIO DEL MAR.
La batalla que
durante mucho tiempo se mantuvo igualada y en la que ninguno de los bandos
conseguía imponerse de ninguna manera, terminó del siguiente modo.
Cleopatra, que permanecía fondeada detrás de los combatientes, no soportó más aquella espera indecisa e incierta. Cohibida, tanto por su condición de mujer como de egipcia, por aquel largo e indeciso enfrentamiento, y por aquella espera temerosa de un desenlace u otro, se lanzó, por sorpresa, a la fuga y dio la señal a sus súbditos. Y así inmediatamente, izaron las velas y se hicieron a la mar justo en el momento en el que se alzaba una brisa favorable.
Antonio, que creyó que huían por miedo, porque se daban por vencidos, y no porque siguieran la orden de Cleopatra, los siguió. Ante estos acontecimientos los demás soldados se sintieron descorazonados y confundidos. Todos querían huir a cualquier precio; unos izaron sus velas, otros arrojaron al mar los castillos y la impedimenta para aliviar la carga y darse a la fuga.
Cleopatra, que permanecía fondeada detrás de los combatientes, no soportó más aquella espera indecisa e incierta. Cohibida, tanto por su condición de mujer como de egipcia, por aquel largo e indeciso enfrentamiento, y por aquella espera temerosa de un desenlace u otro, se lanzó, por sorpresa, a la fuga y dio la señal a sus súbditos. Y así inmediatamente, izaron las velas y se hicieron a la mar justo en el momento en el que se alzaba una brisa favorable.
Antonio, que creyó que huían por miedo, porque se daban por vencidos, y no porque siguieran la orden de Cleopatra, los siguió. Ante estos acontecimientos los demás soldados se sintieron descorazonados y confundidos. Todos querían huir a cualquier precio; unos izaron sus velas, otros arrojaron al mar los castillos y la impedimenta para aliviar la carga y darse a la fuga.
El combate se mantenía equilibrado. César sin saber qué hacer, mandó traer fuego desde el campamento. Él no había querido utilizarlo antes porque pretendía salvar los tesoros del enemigo pero, cuando comprendió que iba ser imposible vencer de otra forma, recorrió al fuego como el único medio que podría darles la victoria. Y entonces comenzó una batalla diferente.
Los hombres de César, asediando desde todas las direcciones al mismo tiempo al enemigo, disparaban sobre aquellos barcos dardos incendiarios, les arrojaban antorchas cuando estaban más cerca y desde mayores distancias disparaban con sus catapultas ollas llenas de carbones y pez. Los soldados de Antonio intentaban rechazar cada uno de los proyectiles.
Pero cuando uno de ellos prendía la madera, causaba inmediatamente un gran incendio. Al estar en un navío, recurrían en primer lugar al agua potable que llevaban embarcada y conseguían así apagar alguno de aquellos fuegos; pero cuando consumieron sus reservas de agua potable comenzaron a sacar agua del mar.
Algunos de los soldados de Antonio, especialmente los marineros, murieron a consecuencia del humo antes de que les alcanzaran las llamas; otros, en cambio, se asaron en medio del incendio como en un horno. También otros perecieron abrasados por sus propias corazas que alcanzaron temperaturas muy altas. Antes de sufrir una muerte semejante y aun medio abrasados, algunos se desembarazaban de su coraza pero entonces fueron alcanzados por los dardos que les disparaban desde la distancia.
Otros se arrojaron al mar y se ahogaron; o se hundieron después de haber sido golpeados por sus enemigos, o fueron devorados por las bestias marinas. Sólo tuvieron un destino tolerable, como suele suceder en tales circunstancias, quienes, antes de verse en tal trance, se dieron muerte entre ellos o se suicidaron. No sufrieron tormento alguno y sus cadáveres ardieron con sus naves, como en una pira funeraria.
A la vista de aquello, los hombres de César, en un primer momento, cesaron sus ataques, aunque todavía algunos de sus enemigos eran capaces de defenderse. Pero cuando el fuego invadió las naves y aquellos hombres no podían socorrerse ni ellos mismos y mucho menos causar algún daño a sus enemigos, se dieron prisa en acercarse a los barcos por si podían salvar sus tesoros e intentaron apagar el fuego que ellos mismos habían provocado.
Y así también perecieron muchos cesarianos, víctimas de las llamas y de sus ansias de rapiña.
Aquella batalla
naval entre Antonio y Cleopatra tuvo lugar el 2 de septiembre. Y no lo digo por
otra razón salvo porque entonces, por primera vez, César tuvo, sólo él, todo el
poder. De esta manera el cómputo exacto de los años de su gobierno en solitario
parte de este momento.
Para honrar aquel día consagró a Apolo Actiaco una triere, una tretraere y otros barcos hasta alcanzar la decere, provenientes de las naves capturadas en la guerra, Construyó un templo más grande e instituyó un certamen sagrado- pues así se llaman los juegos que incorporan la distribución de alimentos- y cuadrienal, con pruebas gimnásticas, musicales e hípicas y se le dio el nombre de Actiacos.
Fundó una ciudad en el lugar donde estaba ubicado su campamento, para lo que reunió a algunos pueblos vecinos y trasladó a otros. Le dio aquella ciudad el nombre de Nicópolis. En el lugar donde levantó su tienda, cimentó una terraza con sillares y la adornó con los espolones de las naves capturadas. En aquel lugar consagró a Apolo un templo a cielo abierto.
Para honrar aquel día consagró a Apolo Actiaco una triere, una tretraere y otros barcos hasta alcanzar la decere, provenientes de las naves capturadas en la guerra, Construyó un templo más grande e instituyó un certamen sagrado- pues así se llaman los juegos que incorporan la distribución de alimentos- y cuadrienal, con pruebas gimnásticas, musicales e hípicas y se le dio el nombre de Actiacos.
Fundó una ciudad en el lugar donde estaba ubicado su campamento, para lo que reunió a algunos pueblos vecinos y trasladó a otros. Le dio aquella ciudad el nombre de Nicópolis. En el lugar donde levantó su tienda, cimentó una terraza con sillares y la adornó con los espolones de las naves capturadas. En aquel lugar consagró a Apolo un templo a cielo abierto.
EL DESTINO DETERMINA LA MUERTE DE MARCO
ANTONIO.
Y Antonio,
derrotado contra toda expectativa, se inclinó por la flota e inició los
preparativos tanto para ofrecer batalla por el mar como para navegar hacia
Iberia.
Pero cuando
Cleopatra vio todos aquellos preparativos, hizo que los marineros desertaran.
Lo hizo bajo el pretexto de temor que sentía por César y del deseo de darse muerte de alguna manera pero, en realidad, con la intención de hacer entrar allí a Antonio. Éste sospechó la traición pero no podía darle crédito a sus pensamientos porque estaba enamorado. Pero, además podría decirse que casi sentía más piedad por ella que de él mismo.
Cleopatra que bien lo sabía, esperaba que cuando se enterase de su muerte no soportaría seguir viviendo y se daría muerte inmediatamente. Y por eso entró en el sepulcro acompañada por un eunuco y dos sirvientes y desde allí le envío la noticia de que había muerto. Cuando Antonio se enteró de aquello, no lo dudó más y mostró su deseo de morir tras ella.
Lo hizo bajo el pretexto de temor que sentía por César y del deseo de darse muerte de alguna manera pero, en realidad, con la intención de hacer entrar allí a Antonio. Éste sospechó la traición pero no podía darle crédito a sus pensamientos porque estaba enamorado. Pero, además podría decirse que casi sentía más piedad por ella que de él mismo.
Cleopatra que bien lo sabía, esperaba que cuando se enterase de su muerte no soportaría seguir viviendo y se daría muerte inmediatamente. Y por eso entró en el sepulcro acompañada por un eunuco y dos sirvientes y desde allí le envío la noticia de que había muerto. Cuando Antonio se enteró de aquello, no lo dudó más y mostró su deseo de morir tras ella.
En un primer momento pidió a uno de los presentes que lo matara. Pero cuando aquel, desenvainando su espada, se suicidó, él se mostró dispuesto a imitarlo y se clavó la espada. Cayó de bruces y esto hizo creer a los presentes que estaba muerto. Se produjo un gran alboroto.
Cleopatra lo oyó y bajó desde la puerta alta del sepulcro. En efecto, las puertas del sepulcro una vez cerradas ya no podrían volver a abrirse gracias a su ingenioso mecanismo, pero la parte superior, cercana al techo, todavía no había sido completamente terminada. Y cuando algunos la vieron bajar de allí gritaron con tanta fuerza que hasta el propio Antonio lo oyó. Este, cuando comprendió que ella seguía con vida, se levantó como si fuera a seguir viviendo.
Pero había perdido mucha sangre y comprendió que no había esperanza de salvación. Rogó a los presentes que lo llevaran a la cámara sepulcral y lo subieran con las cuerdas que se utilizaban para subir piedras. Y allí, de aquella manera murió en el regazo de Cleopatra.
CLEOPATRA LO VE TODO CLARO: DEBE ABANDONAR YA SU VIDA
Cleopatra, de
algún modo, confiaba en César. Inmediatamente le informó de lo sucedido, aunque
no estaba completamente segura de no sufrir algún prejuicio por eso. Se mantuvo
dentro del sepulcro para que, si no podía salvarse por ninguna otra razón, al
menos pudiera comprar su inmunidad y su reino con el miedo a que se perdieran
sus tesoros.
Y aunque se encontraba en una situación tan desgraciada, tan consciente era de su dignidad real que prefería morir bajo el título de reina que vivir como una mujer particular. Naturalmente disponía de fuego para sus tesoros y un áspid y de algunos otros reptiles para ella. Había hecho con ellos una primera prueba en alguno hombres para ver en qué forma cada uno de ellos mataba.
César deseaba convertirse en el dueño de todos aquellos tesoros y capturar aquella mujer con vida para hacerla desfilar en la celebración de su triunfo. No obstante, no quería asumir la posición de un estafador después de haberle dado alguna confianza, para poder tratarla como prisionera y como quien ha sido sometida, de alguna manera, contra su voluntad. Por esto le envío al caballero Cayo Proculeyo y al liberto Epafrodito, a los que les había dictado todo lo que debían decir y hacer.
Aquellos, cuando se reunieron con Cleopatra, estuvieron dialogando con ella con calma pero después, por sorpresa, la hicieron prisionera antes de que pudieran llegar a un acuerdo. A continuación, quitaron de en medio todo con lo que podía matarse y le permitieron que pasara en aquel lugar algunos días mientras embalsamaba el cadáver de Antonio. Después la llevaron al palacio real sin privarla ni del séquito ni del servicio para que así siguiera conservando, mientras, la esperanza de alcanzar sus propósitos y no se causara ningún daño.
Y aunque se encontraba en una situación tan desgraciada, tan consciente era de su dignidad real que prefería morir bajo el título de reina que vivir como una mujer particular. Naturalmente disponía de fuego para sus tesoros y un áspid y de algunos otros reptiles para ella. Había hecho con ellos una primera prueba en alguno hombres para ver en qué forma cada uno de ellos mataba.
César deseaba convertirse en el dueño de todos aquellos tesoros y capturar aquella mujer con vida para hacerla desfilar en la celebración de su triunfo. No obstante, no quería asumir la posición de un estafador después de haberle dado alguna confianza, para poder tratarla como prisionera y como quien ha sido sometida, de alguna manera, contra su voluntad. Por esto le envío al caballero Cayo Proculeyo y al liberto Epafrodito, a los que les había dictado todo lo que debían decir y hacer.
Aquellos, cuando se reunieron con Cleopatra, estuvieron dialogando con ella con calma pero después, por sorpresa, la hicieron prisionera antes de que pudieran llegar a un acuerdo. A continuación, quitaron de en medio todo con lo que podía matarse y le permitieron que pasara en aquel lugar algunos días mientras embalsamaba el cadáver de Antonio. Después la llevaron al palacio real sin privarla ni del séquito ni del servicio para que así siguiera conservando, mientras, la esperanza de alcanzar sus propósitos y no se causara ningún daño.
Habiendo expresado su intención de reunirse y hablar con César, se vio satisfecha. Y para reforzar el engaño. César prometió que iría a verla.
Ella preparó una
estancia espléndida y un lujoso triclinio, y se arregló con estudiado cuidado,
pues su belleza incluso brillaba en su enlutado vestido. Y se tumbó en el
triclinio, había puesto muchas imágenes del padre de César y llevaba en su seno
todas las cartas que aquel le había escrito.
Cuando, más tarde, entró César, se alzó sonrojada y dijo:
- Salve, señor. A ti Dios te ha dado lo que a
mí me ha quitado. Pero, podrás ver tú mismo, de alguna manera, cómo era tu
padre cuando con frecuencia a mí venía. Habías oído que él me honró de las más
diversas maneras y que me hizo reina de Egipto, para que comprendas lo que por
mí sentía, coge y lee las cartas que me enviaba, escritas de su puño y letra.
Mientras decía estas cosas, leía muchas de las palabras de amor de César. Lloraba y besaba las cartas. Se arrojaba las imágenes y se arrodillaba ante ellas. Volvía los ojos a César y rompía en lamentaciones.
Además pronunciaba dulces palabras, llegando una vez a decir:
- ¿Para qué me sirven tus cartas César?.
Otras veces decía: - Pero tú me vives en ellas. O bien: - Ojala hubiera muerto
antes que tú. Y de nuevo: - Teniéndolo a él, te tengo a ti.
Recurría a muy variadas expresiones y poses mientras dirigía dulces miradas y palabras. César no podía permanecer impasible ante la excitación de aquella mujer que se daba golpes en el pecho pero, no obstante, fingía mantenerse indiferente. Y clavando sus ojos en el suelo le dijo:
- Ten confianza señora; mantén el buen ánimo.
No sufrirás ningún daño.
Cleopatra, dolorida en extremo porque él nunca la miraba
ni pronunciaba palabra alguna sobre el reino ni sobre su
amor, se arrojó a sus rodillas y, rompiendo a llorar, dijo:
Cleopatra, dolorida en extremo porque él nunca la miraba
ni pronunciaba palabra alguna sobre el reino ni sobre su
amor, se arrojó a sus rodillas y, rompiendo a llorar, dijo:
- ¡César, no quiero ni puedo vivir! Por la
memoria de tu padre te pido esta gracia: ya que el destino me entregó a Antonio
tras tu padre, haz que muera con él. ¡Ojalá, hubiera muerto entonces con César!
Pero puesto que el hado ha querido que sufra así, envíame con Antonio y no me
niegues compartir con él sepultura, para que en el Hades pueda vivir con él ya
que muero por su causa.
Así habló con la intención de despertar en César la piedad,
pero él nada contestó a aquellas palabras. Pero, como temía
que se suicidara, la exhortó de nuevo a mantener el ánimo.
No le quitó su servicio y la mantuvo bajo la vigilancia para que su triunfo brillara aún más. Cleopatra lo sospechaba y, considerando que esto sería peor que mil muertes, realmente deseó morir. Pedía a César constantemente que la matara de alguna forma; ella misma, una y otra vez, maquinaba hacerlo.
Al no conseguir nada, fingió que había cambiado de parecer, aparentando que ahora sus mayores esperanzas estaban tanto en César como en Livia. Afirmaba que navegaría gustosa y preparó como regalos algunos adornos que tenía atesorados. Su intención era infundir confianza, de alguna forma, de que no se mataría para que se la sometiera a una vigilancia menos estricta y poder acabar así con su vida.
Así habló con la intención de despertar en César la piedad,
pero él nada contestó a aquellas palabras. Pero, como temía
que se suicidara, la exhortó de nuevo a mantener el ánimo.
No le quitó su servicio y la mantuvo bajo la vigilancia para que su triunfo brillara aún más. Cleopatra lo sospechaba y, considerando que esto sería peor que mil muertes, realmente deseó morir. Pedía a César constantemente que la matara de alguna forma; ella misma, una y otra vez, maquinaba hacerlo.
Al no conseguir nada, fingió que había cambiado de parecer, aparentando que ahora sus mayores esperanzas estaban tanto en César como en Livia. Afirmaba que navegaría gustosa y preparó como regalos algunos adornos que tenía atesorados. Su intención era infundir confianza, de alguna forma, de que no se mataría para que se la sometiera a una vigilancia menos estricta y poder acabar así con su vida.
NADIE SOSPECHA NADA, MIENTRAS CLEOPATRA
MAQUINA SU MUERTE.
Tanto
Epafrodito, a quien se la había encomendado, como todos los demás, en la
creencia de que realmente decía la verdad, relajaron el rigor de su vigilancia.
Y ella pudo hacer sus preparativos parta morir de la forma menos dolorosa.
Entregó a Epafrodito una carta sellada en la que rogaba a César que diera las órdenes para que la enterraran junto a Antonio. Su intención era que el liberto se apartara de ella con el pretexto de la entrega de una carta que parecía que contenía otra noticia diferente. Y así ella pudo poner en marcha su plan.
Vistió sus más bellas ropas y se arregló para estar hermosísima. Asumió un aspecto digno de reyes y se suicidó.
Entregó a Epafrodito una carta sellada en la que rogaba a César que diera las órdenes para que la enterraran junto a Antonio. Su intención era que el liberto se apartara de ella con el pretexto de la entrega de una carta que parecía que contenía otra noticia diferente. Y así ella pudo poner en marcha su plan.
Vistió sus más bellas ropas y se arregló para estar hermosísima. Asumió un aspecto digno de reyes y se suicidó.
Nadie sabe a ciencia cierta cómo se suicidó, pues sólo se encontraron unas pequeñas picaduras sobre un hombro. Hay quien dice que se las había causado un áspid que estaba oculto dentro de una vasija de agua o escondido entre las flores; otros afirman que fue con una de las agujas con las que se sujetaba el cabello y que contenía un veneno tan poderoso que en circunstancias normales no dañaba el cuerpo pero que si llegaba a tocar, aunque fuera de manera muy leve, la sangre, causaba una muerte rápida e indolora. Hasta aquel momento la había llevado en la cabeza como acostumbraba, pero entonces se dio un pinchazo en el hombro y puso el veneno en contacto con la sangre. Y así, o de algún modo muy similar, murió en compañía de sus sirvientas.
El eunuco, por su parte, en el momento del arresto de Cleopatra, se había arrojado voluntariamente a las serpientes y, tras recibir sus mordiscos, había saltado dentro del ataúd que estaba preparado para él.
Cuando César se enteró de la noticia de la muerte de Cleopatra quedó sobrecogido. Fue a ver su cadáver y ordenó que se recurriera a un fármaco y a un psilos por si conseguían devolverle a la vida. Los psilos son unos hombres- pues no nacen psilas mujeres- capaces de sorber cualquier veneno de cualquier tipo de serpiente al instante, antes de que la persona muera.
Ellos no sufren ningún perjuicio porque no han sido mordidos por ninguna de ellas. Se reproducen entre ellos y los reconocen lanzando a los recién nacidos inmediatamente a las serpientes o, también, arrojándoles sus pañales. Las serpientes no le causan ningún mal al niño o quedan adormecidas entre sus ropas.
Esto es así. César, incapaz, de ningún modo, de hacer revivir a Cleopatra, se dejó llevar por la admiración, y también por la piedad, hacia ella. Sintió, asimismo, gran aflicción porque su victoria había sido privada de toda gloria.
ANTONIO Y CLEOPATRA, UNA PAREJA INIGUALABLE.
Antonio
y Cleopatra, que fueron los causantes de muchos males tanto para los egipcios
como para los romanos, así lucharon y así murieron. De la misma forma fueron
embalsamados y en la misma tumba fueron enterrados. La naturaleza de sus
respectivas almas y la fortuna de sus vidas fueron como sigue.
Antonio no tenía rival cuando se trataba de comprender su deber, pero muchas veces actuó como un insensato. En algunas ocasiones destacó por su valor y con frecuencia fracasó como un cobarde. Mostró por igual grandeza y miseria de espíritu.
Arrebató a los demás sus bienes y dejó perder los propios. Sintió compasión de muchos in razón alguna pero castigó injustamente a otros. Por todo esto, después de haberse convertido en un hombre extraordinariamente poderoso, aunque venía de una debilidad extrema, y en riquísimo desde las mayor de las pobrezas, no supo gozar de ninguna de estas circunstancias, sino que acabó provocándose su propia muerte con esperanza de convertirse el único señor de Roma.
Cleopatra tuvo un carácter insaciable de amor, insaciable en la riqueza. Alimentaba en su interior tanto una enorme ambición, que aspiraba a la gloria, como un enorme y arrogante desprecio. Por amor ganó el reino de Egipto y, con la esperanza de apoderarse de Roma por el mismo medio, no sólo fracaso sino que destruyó su reino. Fue señora de los dos romanos más grandes de su época y se suicidó por el tercero.
Antonio no tenía rival cuando se trataba de comprender su deber, pero muchas veces actuó como un insensato. En algunas ocasiones destacó por su valor y con frecuencia fracasó como un cobarde. Mostró por igual grandeza y miseria de espíritu.
Arrebató a los demás sus bienes y dejó perder los propios. Sintió compasión de muchos in razón alguna pero castigó injustamente a otros. Por todo esto, después de haberse convertido en un hombre extraordinariamente poderoso, aunque venía de una debilidad extrema, y en riquísimo desde las mayor de las pobrezas, no supo gozar de ninguna de estas circunstancias, sino que acabó provocándose su propia muerte con esperanza de convertirse el único señor de Roma.
Cleopatra tuvo un carácter insaciable de amor, insaciable en la riqueza. Alimentaba en su interior tanto una enorme ambición, que aspiraba a la gloria, como un enorme y arrogante desprecio. Por amor ganó el reino de Egipto y, con la esperanza de apoderarse de Roma por el mismo medio, no sólo fracaso sino que destruyó su reino. Fue señora de los dos romanos más grandes de su época y se suicidó por el tercero.
Así vivieron y así murieron. De sus hijos, a Antilo lo mataron inmediatamente, aunque estaba comprometido en matrimonio con la hija de César y se había refugiado en el mausoleo que Cleopatra había mandado construir para su padre.
Cesarión, cuando intentaba huir hacia Etiopía, fue capturado por el camino y muerto. Cleopatra se casó con Juba, el hijo de Juba. El joven Juba había sido educado en Italia y combatido al lado de César. Y por eso este le entregó tanto a Cleopatra como el reino de su padre.
Y por ellos perdonó a Alejandro y a Ptolomeo, A sus sobrinos, los hijos de Octavia nacidos de Antonio y que ella había criado sola, repartió dinero del patrimonio de su padre. Y ordenó que los libertos de Antonio entregaran inmediatamente a Yulo, el hijo de Antonio y Fulvia, todo lo que debían dejarle en herencia según la ley cuando ellos murieran.
De todos los demás que habían ayudado a Antonio hasta el momento final, a unos los castigó y a otros los dejó libres, ya fuese por propia voluntad o por influencia de sus amigos.
Fue clemente con todos los egipcios y alejandrinos, de tal manera que ninguno murió. La verdad es que no consideraba justo cometer algún acto irreparable contra un pueblo tan numeroso y que en tantas ocasiones había sido de tanta utilidad para los romanos.
AEGYPTUS
CAPTA EST. EGIPTO
ES DOMINO YA DE LOS ROMANOS
A
partir de entonces hizo a Egipto tributario y se lo confió a Cornelio Galo. Por
el carácter populoso de sus ciudades y
campos, por el carácter afable y vano de sus costumbres, por el suministro de
trigo y sus tesoros, no sólo se atrevió
a poner Egipto en manos de ningún senador sino que no les permitió
residir en aquel país, salvo aquellos a
los que expresamente les diera permiso.
Y así fue sometido Egipto. Todos los que durante algún tiempo continuaron ofreciendo resistencia fueron sometidos, tal y como puntualmente había predicho la divinidad. Pues en una región donde nunca llueve no sólo cayeron gotas de agua sino también sangre. Y mientras de las nubes llovía sangre, también aparecieron en el cielo armas. En otro lugar se oyó el resonar de tambores y címbalos y el sonido de flautas y trompetas.
Se pudo también ver, de repente, una serpiente de tamaño descomunal que silbaba de manera indescriptible. Durante la misma época se vieron algunos cometas y aparecieron los fantasmas de algunos muertos.
Las estatuas tenían un aire sombrío y Apis mugía lamentándose y lloraba.
Y
así fue como sucedió. En el tesoro real se encontraron enormes riquezas pues,
tal y como tuve la oportunidad de decir,
Cleopatra, al retirar incluso las ofrendas de los templos más sagrados, no
había hecho otra cosa que aumentar el botín para los romanos sin que estos
cometieran sacrilegio.
Mientras tanto, e incluso antes, los romanos en su patria le estuvieron decretando continuos honores por su victoria naval. Le concedieron el triunfo por su victoria sobre Cleopatra, un arco triunfal en Brindisi y otro en el foro romano. Decidieron que el podio del templo Julio fuera adornado con los espolones de las naves capturadas, que se celebraba un festival cada cuatro años en su honor, que se ofrecieran gracias a los dioses tanto en el día de su natalicio como también en el que se dio la noticia de su victoria.
También le otorgó el honor de que, cuando llegara a la ciudad, salieran a recibirle las vestales, el Senado y el pueblo, acompañados estos de sus mujeres e hijos. Es innecesario decir que se decretaron aquellos honores pero, mientras derribaban y anulaban los monumentos y honores en memoria de Antonio.
Declararon nefasto el día de su nacimiento y prohibieron que algunos de sus descendientes llevara el nombre de Marco. Por otra parte, cuando supieron que había muerto – la noticia fue comunicada en aquellos meses del año en que fue cónsul Cicerón, el hijo de Cicerón- hubo quien consideró que aquello no podía haber ocurrido sin la ayuda de los dioses, puesto que el padre del cónsul había muerto, principalmente, por culpa de Antonio. Y entonces se volvieron a decretar a César coronas y plegarias de acción de gracias, además de concederle el derecho a celebrar un segundo triunfo por su victoria en Egipto.
DION CASIO;
HISTORIA ROMANA; L.I
Su padre Aristón ocupaba el segundo lugar en Siracusa después de Hermócrates. Existía entre ellos una rivalidad política, de modo que hubieran emparentado antes con cualquier otro que entre ellos.
Pero Eros gusta de las disputas y se complace en los éxitos inesperados, y buscó la siguiente ocasión. Era la fiesta pública de Afrodita y casi todas las mujeres acudieron al templo.
Su madre llevó a Calírroe, que hasta entonces no había ido, ya que su padre le había ordenado que adorase a la diosa. En ese momento Quéreas volvía de los ejercicios gimnásticos a su casa, reluciente como un astro; el rubor de la palestra florecía sobre el brillo de su rostro como el oro sobre la plata.
Por azar se encontraron en un recodo bastante estrecho, pues la divinidad había determinado este encuentro con el fin de que se viesen uno al otro.
Al punto se causaron uno al otro sentimientos de amor, pues su belleza iba a la par de su nobleza de espíritu.
Quéreas, herido, se marchó con dificultad a casa, como un valiente general herido de muerte en el combate, avergonzado de caer y sin poder mantenerse en pie.
La joven, por su parte, cayó a los pies de Afrodita y besándola dijo: "Dame, tú, oh Señora, a este hombre que me has mostrado."
Una noche terrible les sobrevino a ambos, pues el fuego había prendido en ellos. La muchacha sufría más terriblemente por causa de su silencio, ya que sentía pudor de ser descubierta.
Quéreas, sin embargo, un joven de buenas dotes naturales y de sentimientos elevados, como su cuerpo ya desfallecía, se atrevió a decir a su padre que estaba enamorado y que no viviría si no conseguía el matrimonio con Calírroe.
Su padre, al oírlo, estalló en lamentos y dijo:
" Estas perdido, hijo mío, porque es evidente que Hermócrates no te daría a su hija teniendo tantos pretendientes ricos y de estirpe real. No debes siquiera intentarlo, si no quieres que seamos abiertamente agraviados.
El padre intentaba consolar a su hijo, pero se le agravaba su mal, hasta el punto de que no acudía a sus ocupaciones de costumbre.
El gimnasio echaba de menos a Quéreas y estaba vacío, y por así decirlo, pues los jóvenes le querían. E indagando, se enteraron de la causa de su enfermedad y a todos le dio pena del hermoso muchacho que corría el riesgo de morir por el sufrimiento de su alma generosa.
Se convocó una asamblea ordinaria y el pueblo, una vez sentado, lo primero y lo único que grito fue esto:
- Noble Hermócrates, poderoso estratego, salva a Quéreas; éste será el primero de tus trofeos. La ciudad pretende hoy las bodas de los que son merecedores el uno del otro.
¿Quién podría describir aquella asamblea, de la que Eros era el lider? Hermócrates, hombre amante de su patria, no pudo oponerse a lo que la ciudad le pedía. Después de que dio la señal de asentimiento, todo el pueblo se precipitó fuera del teatro: los jóvenes se marcharon junto a Quéreas, y el Consejo y los arcontes acompañaban a Hermócrates.
Se presentaron también las mujeres de Siracusa para conducir a la novia a casa del novio.
El himeneo se cantaba en toda la ciudad. Las calles estaban llenas de coronas, de antorchas; las puertas estaban rociadas de vino y perfumes. Los Siracusanos pasaron más agradablemente este día que las fiestas en honor de la victoria.
La joven, que no sabía nada de esto, estaba tendida en el lecho, cubierta con un velo, llorando en silencio. La nodriza de acercó al lecho y le dijo:
- Hija, levántate, porque ha llegado el día más deseado por todos nosotros: la ciudad te acompaña en procesión a casa de tu esposo.
Al punto se desataron a ella las rodillas y el corazón, pues no sabía con quién se iba a casar. Al instante se quedó sin voz, la obscuridad cubrió sus ojos y casi dejó de respirar. Los que la veían lo tomaban por pudor.
Tan pronto como las criadas la hubieron adornado, la muchedumbre se quedó en las puertas y los padres condujeron al novio junto a la joven.
Quéreas corriendo hacia ella, la besó y Calírroe, al reconocer a su amado, como la luz ya mortecina de un candil cuando se derrama sobre ella aceite, de nuevo brilló y se hizo más grande y fuerte.
Cuando se presentó ante el público, toda la muchedumbre quedó estupefacta, como cuando Artemis se aparece a unos cazadores en un lugar solitario.
Muchos de los presentes incluso se arrodillaron. Todos admiraban a Quéreas y consideraban dichosa a Calírroe.
LOS DE GRIEGO TAMBIÉN VIAJAMOS
Yo, Caritón de Afrodisias, secretario del rétor Atenágoras, voy a contar una historia de amor que sucedió en Siracusa.
Hermócrates, el estratego de los Siracusanos que venció a los atenienses, tenía una hija de nombre Calírroe, un prodigio de muchacha y adorno de toda Sicilia.
Su belleza era no humana sino divina y no propia de una Nereida o de una Ninfa de las montañas, sino de la misma Afrodita Virgen. La fama de esta extraordinaria maravilla se extendía por todas partes y afluían a Siracusa pretendientes, príncipes e hijos de tiranos, no sólo de Sicilia, sino también de Italia, del Epiro y de los pueblos del interior.
Pero Eros quiso realizar una unión singular. Había, en efecto, un tal Quéreas, un muchacho de hermosa figura, que sobresalía entre todos, como muestran escultores y escritores a Aquiles, Nireo, Hipólito y Alcibíades.
Su padre Aristón ocupaba el segundo lugar en Siracusa después de Hermócrates. Existía entre ellos una rivalidad política, de modo que hubieran emparentado antes con cualquier otro que entre ellos.
Pero Eros gusta de las disputas y se complace en los éxitos inesperados, y buscó la siguiente ocasión. Era la fiesta pública de Afrodita y casi todas las mujeres acudieron al templo.
Amor a primera vista
Su madre llevó a Calírroe, que hasta entonces no había ido, ya que su padre le había ordenado que adorase a la diosa. En ese momento Quéreas volvía de los ejercicios gimnásticos a su casa, reluciente como un astro; el rubor de la palestra florecía sobre el brillo de su rostro como el oro sobre la plata.
Por azar se encontraron en un recodo bastante estrecho, pues la divinidad había determinado este encuentro con el fin de que se viesen uno al otro.
Al punto se causaron uno al otro sentimientos de amor, pues su belleza iba a la par de su nobleza de espíritu.
Síntomas y sufrimientos de amor
Quéreas, herido, se marchó con dificultad a casa, como un valiente general herido de muerte en el combate, avergonzado de caer y sin poder mantenerse en pie.
La joven, por su parte, cayó a los pies de Afrodita y besándola dijo: "Dame, tú, oh Señora, a este hombre que me has mostrado."
Una noche terrible les sobrevino a ambos, pues el fuego había prendido en ellos. La muchacha sufría más terriblemente por causa de su silencio, ya que sentía pudor de ser descubierta.
Quéreas confiesa su amor a su padre
Quéreas, sin embargo, un joven de buenas dotes naturales y de sentimientos elevados, como su cuerpo ya desfallecía, se atrevió a decir a su padre que estaba enamorado y que no viviría si no conseguía el matrimonio con Calírroe.
Su padre, al oírlo, estalló en lamentos y dijo:
" Estas perdido, hijo mío, porque es evidente que Hermócrates no te daría a su hija teniendo tantos pretendientes ricos y de estirpe real. No debes siquiera intentarlo, si no quieres que seamos abiertamente agraviados.
El padre intentaba consolar a su hijo, pero se le agravaba su mal, hasta el punto de que no acudía a sus ocupaciones de costumbre.
Todos desean ayudar a la pareja
El gimnasio echaba de menos a Quéreas y estaba vacío, y por así decirlo, pues los jóvenes le querían. E indagando, se enteraron de la causa de su enfermedad y a todos le dio pena del hermoso muchacho que corría el riesgo de morir por el sufrimiento de su alma generosa.
Se convocó una asamblea ordinaria y el pueblo, una vez sentado, lo primero y lo único que grito fue esto:
- Noble Hermócrates, poderoso estratego, salva a Quéreas; éste será el primero de tus trofeos. La ciudad pretende hoy las bodas de los que son merecedores el uno del otro.
¿Quién podría describir aquella asamblea, de la que Eros era el lider? Hermócrates, hombre amante de su patria, no pudo oponerse a lo que la ciudad le pedía. Después de que dio la señal de asentimiento, todo el pueblo se precipitó fuera del teatro: los jóvenes se marcharon junto a Quéreas, y el Consejo y los arcontes acompañaban a Hermócrates.
Los preparativos para la boda
Se presentaron también las mujeres de Siracusa para conducir a la novia a casa del novio.
El himeneo se cantaba en toda la ciudad. Las calles estaban llenas de coronas, de antorchas; las puertas estaban rociadas de vino y perfumes. Los Siracusanos pasaron más agradablemente este día que las fiestas en honor de la victoria.
La joven, que no sabía nada de esto, estaba tendida en el lecho, cubierta con un velo, llorando en silencio. La nodriza de acercó al lecho y le dijo:
- Hija, levántate, porque ha llegado el día más deseado por todos nosotros: la ciudad te acompaña en procesión a casa de tu esposo.
Al punto se desataron a ella las rodillas y el corazón, pues no sabía con quién se iba a casar. Al instante se quedó sin voz, la obscuridad cubrió sus ojos y casi dejó de respirar. Los que la veían lo tomaban por pudor.
Tan pronto como las criadas la hubieron adornado, la muchedumbre se quedó en las puertas y los padres condujeron al novio junto a la joven.
Quéreas corriendo hacia ella, la besó y Calírroe, al reconocer a su amado, como la luz ya mortecina de un candil cuando se derrama sobre ella aceite, de nuevo brilló y se hizo más grande y fuerte.
Cuando se presentó ante el público, toda la muchedumbre quedó estupefacta, como cuando Artemis se aparece a unos cazadores en un lugar solitario.
Muchos de los presentes incluso se arrodillaron. Todos admiraban a Quéreas y consideraban dichosa a Calírroe.
LOS DE GRIEGO TAMBIÉN VIAJAMOS
Últimas palabras entre
Marco Antonio y Cleopatra:
Marco A.- Es cierto que los amantes se encuentran.
Cleopatra.- Siempre se encontrarán.
Marco A.- Quiero que me eches de menos.
Cleopatra.- No por mucho tiempo, te lo prometo.
Marco A.- Siempre pensé que moriría adecuadamente, como corresponde a un soldado, la muerte de un soldado.
Viví como creía adecuado, inadecuadamente. Esperaba compensarlo al morir.
Esperaba demasiado de mí en la muerte, como en la vida.
¿Me estás abrazando?.
Cleopatra.- Nunca lo hice tan fuerte.
Marco A.- Más fuerte aún. Tu y yo engañamos a la muerte mucho menos que al amor.
Tu y yo haremos que el morir sea solamente un último abrazo y también un beso que me deje sin aliento.
Marco Antonio fallece al instante.
Cleopatra.- Nunca ha habido tanto silencio.
Lo abraza y lo besa por última vez
25 de Munichion
Fue toda una aventura que casi la de Odisea de Homero se queda corta. La mañana se presentaba bastante cálida, y nos habíamos preparado para aguantar todo tipo de devenires que se nos presentasen.
En primer lugar os presentaré a los grandes aventureros que hacen de este viaje una gran historia sin parangón.
María del Mar, Cedric y Vanessa. Os preguntaréis dónde estoy yo, la que os cuento esta historia, la capitana del barco. Pues, es muy fácil de explicar. No pude hacerme una foto, porque tenía que luchar contra las palomas, intentando inmortalizar este momento de mis compañeros de aventura.
De todos modos, ya me tenéis muy vista.
Como todo viaje, tuvimos tiempo para conocernos mejor. Pudimos contar leyendas, mitos, anécdotas, mientras emprendíamos el viaje.
También hubo tiempo para cantar, y bailar por el camino. La verdad, es que estos aventureros eran bastante marchosos. Ya le hubiese gustado a Odiseo haber tenido a estos jóvenes en su barco. Menudas fiestas se habrían montado. Seguro que sus veinte años de travesía se le hubiesen pasado con un soplo.
Por el camino, pudimos apreciar que no estábamos solos, habían otros barcos que nos acechaban. Pobre de mí, más de una vez un barco quiso embestirme, pero gracias al consejo de mis aventureros pude evitarlo a la perfección.
Hicimos varias paradas en algunas islas, donde sus habitantes eran muy simpáticos. Eso sí no nos ofrecieron nada de comida. Pero si que pudimos aprender algo de su cultura.
Y en todo periplo los marineros han de parar para reponer fuerzas. Pero antes de irnos a comer algo sabroso, decidimos ir a unas termas para asearnos un poquito.
Menudos baños nos pegamos. Cuando salimos de allí, estábamos tan bellos, que más de uno/a nos pregunto nuestro nombre y de dónde eramos. Hay que ver lo que hace un buen baño.
Acto seguido, fuimos a un restaurante, donde su cocinero nos acogió de buen grado.
La bebida no faltaba, y la comida había en abundancia.
Arquéstrato de Gela, el famoso cocinero griego, le hubiese gustado habernos acompañado en esta velada.
Bueno, no sé que más contaros. Sólo que estoy muy agradecida a mis camaradas, porque gracias a ellos pudimos hacer esta aventura y cumplir nuestro sueño de emprender un gran viaje, lejos de nuestra tierra, dejando atrás nuestras obligaciones y esperando encontrar nuevas ilusiones.
Gracias a vosotros, muchachos.
Espero repetir esta experiencia de nuevo.
Os dejo aquí más fotos del viaje, para que veáis que lo que digo es cierto.
!Nos vemos!, !hasta pronto!
χαῖρε, soy Agatarco, un famoso pintor de la antigua Grecia.
Hace unos meses me pidieron el encargo de plasmar por medio de unos murales aquello por lo que es famosa nuestra Grecia.
Y bien, decidí pedirles a un par de amigos míos que me ayudasen con tal encargo.
Ay que ver lo que me ayudaron.
Pues, era una tarea difícil decir con pocas imágenes y palabras la esencia de nuestra cultura.
Y sobre todo, teniendo en cuenta que dichas pinturas serán una herencia o legado para siempre.
Aquí tenéis todos los murales que confeccionamos.
Gracias compañeros por el buen trabajo que hicisteis. No sé que hubiese hecho sin vuestra ayuda.
Bueno, os dejo, pues no me para de llover trabajos. Ahora todas las atenienses quieren que les decore la casa con algunas de estas pinturas. !Qué locura!
Y vosotros, ayudantes míos, mil gracias por vuestra cooperación, ilusión e imaginación.
Seguid así, sois un encanto.
Seguid así, sois un encanto.
Nos vemos en alguno de esos banquetes que se rumorean que se van a celebrar en breve.
No olvidéis traer una corona, que si no el vino se nos subirá a la cabeza.
Hoy, martes 8 de Mayo, es un día muy especial. Pues nuestra alumna Vanessa cumple sus deseados 18 años.
Por ello todos nuestros amiguetes griegos han salido a la calle, vestidos de domingueros, para cantarte y desearte un feliz día.

También ha venido una famoso poeta, Anacreonte, con ganas de recitarte algún poema que acababa de componer.
ODA AL AMOR:
Dadme, muchachas, dadme de beber del licor de Dioniso sin
respiro.
Pues por el calor abrasado, ya de gemir no ceso.
Y dadme guirnaldas de
las flores del dios para ceñirme: mi frente las está quemando.
Pero el ardor de las pasiones, corazón, ¿con qué remedio puedo
defenderme?
La gente a medida que bebía algo de vino y cantaba canciones en tu honor, Vanessa, se iban animando poco a poco y comenzaban hacer bailes de todo tipo. Algunos se soltaron tanto el pelo, que todavía hoy los seguimos buscando por la calle, porque no sabemos por dónde andan.
Pero, dejemos los griegos a un lado. Y centrémonos en vosotros, clase.
Hoy habéis venido vestidos para la ocasión. Pues Vanessa nos había prometido dos cosas tentadoras: nos traería una tarta y tal vez algo de música para bailar.
Aquí están mis chicos, más guapos y alegres que nunca.
En un principio no tenían ganas de bailar. Pero yo creo que fue el azúcar de la tarta, o quizás algún ingrediente especial que le había puesto Vanessa, que animo a este par de muchachos a bailar. Ahí los tenéis, juzgarlo vosotros mismos.
Bueno, Vanessa, en nombre de todo el instituto, de los griegos, y mío, espero que estés celebrando como toca tu cumple y que te lo estés pasando genial.
Que estos dieciocho años y consiguientes sean los mejores de tu vida y que los sigas celebrando así por todo lo alto y con bailes incluidos.
Un abrazo muy grande.
De tu profesora:
Manoli
Mimnermo a Nanno (su amante)
¿Qué vida hay, o qué goce sin la dorada Afrodita?
Ojála muera, cuando ya no me importen el amor a
hurtadillas, o los dulces regalos y la cama.
HISTORIAS DE AMOR
DE LA ANTIGUA GRECIA
EN ESTE TALLER PODRÁS CONOCER
A ESTAS FAMOSAS PAREJAS
DE LA HISTORIA.
PENÉLOPE Y ODISEO
HERO Y LEANDRO
ASPASIA Y PERICLES
MARCO ANTONIO Y CLEOPATRA
Y ADEMÁS CONOCERÁS CÓMO LOS GRIEGOS SE DECLARABAN A SU AMADA.
Y QUÉ CLASE DE DULCES LES AYUDABAN A AVIVAR LA LLAMA DEL AMOR.
Y CÓMO NO, EROS Y SUS FLECHAS NO PODRÁN FALTAR EN EL TALLER.
ἀστραγάλαι
δ’Ἔρωτος εἰσιν
μανίαι
τε καὶ κυδοιμοί
"Locuras y redencillas
son los dados de Eros."
ἐρέω
τε δηὖτε κοὐκ ἐρέω
καὶ
μαίνομαι κοὐ μαίνομαι
"Te amo y de nuevo dejo de quererte.
Estoy loco y no lo estoy de nuevo."
EROS, ERES TU,
EL QUE VUELVES LOCO
A LOS MORTALES!!!!
Dafnis y Cloe: Longo.
Cloe experimenta los efectos del amor.
Y claro, lo que le pasaba no lo sabía, una muchacha joven, criada en la campiña y que ni siquiera había escuchado a nadie pronunciar la palabra de amor; pero la desazón se apoderaba de su espíritu, sus ojos no le obedecían y muchas veces pronunciaba el nombre de Dafnis; descuidaba el cuidado del rebaño, tan pronto reía como lloraba; se quedaba dormida y al momento se despertaba sobresaltada; su rostro palidecía e inmediatamente después se encendía ruborizado. Ni siquiera una ternera picada por un tábano se comportaría de este modo.
Y cuando acaso se quedaba a solas, tales eran sus charlas que
consigo se traía.
"Conque estoy enferma, pero ignoro cuál es la enfermedad; siento dolor, pero no estoy herida; estoy afligida, y no he perdido ninguna oveja; me estoy quemando, y aquí estoy sentada en tan magnífica sombra.
!Cuántas veces me ha hecho rasguños las zarzas, y no he llorado! !Cuántas abejas me han clavado su aguijón, y no he dejado por ello de comer!
Pero, esta punzada que tengo en el corazón es más penosa que todo aquello."
ΕΡΩΤΙΚΑ ΠΑΘΗΜΑΤΑ
En Lesbos, mientras cazaba en un bosque consagrado a las Ninfas, contemplé un espectáculo más hermoso de cuantos he visto: una obra pictórica, una historia de amor.
También el bosque era hermoso, bien arbolado, florido, regado en abundancia: una sola fuente lo nutría todo, las flores y los árboles; pero la pintura era todavía más encantadora, pues representaba con arte exquisito una aventura amorosa.
Así que muchos, extranjeros incluso, acudían atraídos por su fama, tanto para venerar a las Ninfas como para contemplar el cuadro.
Vi allí otras muchas cosas, todas ellas asuntos amorosos, y llevado de la admiración me entraron ganas de hacer una réplica por escrito.
Así que busqué a un interprete del cuadro y compuse este taller como una ofrenda a Eros, a las Ninfas y a Pan, y también como un tesoro del que gocen todos los hombres: curará al enfermo y consolará al afligido, hará recordar al que estuvo enamorado e instruirá al que nunca lo ha estado.
Pues desde luego nadie escapó o escapará del amor mientras exista la belleza y haya ojos para verla.
Cuantos a nosotros, que el dios nos conceda conservar la cordura mientras escribimos y exponemos de las pasiones de otros.
ΡΗΜΑΤΑ ΕΡΩΤΙΚΑ
(DICHOS SOBRE EL AMOR)
Teócrito:
(Simeta cuenta cómo se enamoró):
Nada más verle, !cómo enloquecí, cómo sentí traspasado el corazón, infortunada!... Ni supe cuándo volví a casa, un mal devorador me dejó destrozada; yací en el lecho diez días con sus diez noches.
Anacreonte:
En primavera los membrillos, regados por las corrientes de los ríos allí dónde está el jardín intacto de las vírgenes Hespéridesm y los pámpanos crecen bajo los troncos frondosos de las vides, adquieren lozanía; pero el Amor no duerme para mí en ninguna estación.
Menandro, el Odiado:
Oh Noche- puesto que tú, de entre los dioses, tienes la mayor parte de Afrodita y, por eso, en tu nombre pronuncian la mayoría de las palabras y desvelos de amor- ¿has visto algún hombre más desdichado que yo? ¿a un amante más infortunado? Estoy ante mi propia puerta y me paseo arriba y abajo por el callejón...mientras podría dormir con mi amada. Porque está en mi casa y puedo y deseo hacer esto tanto como el más loco de los amantes, pero no lo hago...
Alexis; las desgracias del enamorado:
Los enamorados tienen una vida dura, ¿quién puede negarlo?
Les corresponden ser belicosos,
afrontar duras fatigas físicas
y vigilar valientemente su deseo,
prontos de ingenio, audaces, inteligentes,
resueltos frente a los obstáculos, con mirada impávida.
Eurípides; ojala los amores fuesen moderados:
La larga vida mucho me ha enseñado.
Debían los mortales entre sí
sentir sólo un cariño moderado
y no hasta el mismo tuétano del alma;
los lazos del amor debían ser débiles
para poder soltarlos o apretarlos.
Que un alma sufra por dos almas
es dura carga...

Queridos/as atenienses, yo Cleopatra, tengo el placer de contaros aquel banquete que tuvo lugar en casa mía y de Marco Antonio.
No recuerdo que jamás en la historia se diese un festín tan alegre, divertido, ameno y sobre todo, que abundase tanto vino y comida como aquel día.
La verdad fui toda una afortunada por poder presenciarlo y así dejar constancia de tan maravilloso día.
Cleopatra y Marco Antonio, ya sabéis, fueron un gran amor que dejo bastante huella en la historia. Y como agradecimiento a Eros, el dios que hizo posible nuestra unión , decidimos homenajearlo con un copioso banquete para los amigos.
Allí, qué mejor homenaje, pudimos hacer que pasar revista a todas las historias de amor más famosas de Grecia.
Esperé ansiosamente la llegada de mis invitados en el puerto.
Entre los invitados se encontraban:
Pericles y Aspasia; "Los grandes olímpicos".
Iban tan elegantes como siempre. Aspasia nos entretuvo con uno de sus grandes discursos sobre las clases de amor.
Allí también se encontraba el apuesto pintor Agatarcos. Pues hace poco nos había realizado unos frescos en el andron (salón) y queríamos compensarselo de algún modo. Además es super gracioso, él y Marco Antonio se montan unas juergas que no veas.
Mirar qué pintura más chula nos hizo. !Es todo un artista!
También estaban mis dos grandes amigas, Frine y Glice. Vinieron entre otras cosas para ayudarme a preparar toda la decoración del andron. Pues tienen un gusto exquisito.
La Pitonisa, fue una de las invitadas. !Que grande esta mujer!
Ella nos dio grandes esperanzas y nos animo a comenzar alegremente el festín, dándonos esas buenas y favorables respuestas.
Todos pasamos ante ella, pues nadie se resistía a no saber qué le iba a deparar el futuro. Pues a veces los dioses te guardan un buen destino.
También vinieron mis otras tres grandes amigas; Leontion, Lais, Boidión.
Ellas me aconsejaron al mejor de los mejores cocineros, Arquéstrato de Gela.
!Menudos platos más exquisitos que hizo!
Basta con mirarlos.
A medida que avanzaba la noche, súbitamente, llegó Alcibíades, tan juerguista como siempre.
Fue él el que empezó a desmelenar el banquete. Pues animó a todos a beber un poquito más y a empezar a bailar. Este hombre sabe ganarse a la gente.
Le dimos una corona para evitar que el vino se le subiera a la cabeza.
También vino la gran pensadora Hipatia, las famosas poetisas Safo y Corina.
!No veas qué éxito tuvo Marco Antonio entre tantas chicas!
Las flechas de Eros no faltaban. Marco Antonio las había mandado hacer como una ofrenda a este dios. Y qué no se va a merecer Eros que hace posible todas las uniones de los mortales.
Marco Antonio ideo toda clase de regalos, para que los amantes o novios correspondiesen a su amada de la manera más adecuada posible. Veamos cuáles eran esos dones de amor:
Colgantes de amor:
Caramelos para besar tan dulcemente:
Un perfume afrodisíaco:
Manzanas para declarar tu amor a tu amado/a:
Coronas de todos los colores, para colgarlas en la puerta de tu amada o dársela sin más en la mano:
Rosas frescas:
Poemas de amor de los más prestigiosos poetas:
Los afrodisíacos no faltaban, pues a las parejas a veces les hace falta una chispa de magia para dejar correr la pasión. Como es el caso de los rábanos con miel, que se solían consumir para estar más potentes, sobre todo en la noche de bodas.
En cambio, se pensaba que la lechuga, tenía un efecto contrario, es decir, disminuía el apetito sexual.
Marco Antonio y yo a la luz de una hoguera empezamos a contar las más bellas historias de amor en compañía de nuestros amigos para cumplir con ese homenaje a Eros.
Bueno, espero que mis palabras se hayan ajustado a los hechos que allí presencie. Pues sería un pecado que se me olvidase el más mínimo detalle.
Si queréis, a la próxima, me soltaré un poquito el pelo y os invitaré. Pues de esta manera veréis que todo lo dicho no fue invención alguna.
!Que manera más graciosa que tenía de tomarnos el pelo!
Gracias a todos vostros, muchachos, por haber venido al banquete y haber contribuido a hacer de él el mejor de toda la historia.
Nos vemos en el próximo festín.
χαῖρε
SOBRE LOS PERSAS
Yo, Heródoto, he viajado tantísimo que os puedo informar un poco de los persas, para que vayáis abriendo boca para el próximo taller.
SOBRE SUS FESTIVIDADES
De todos los días el más suelen celebrar es el del aniversario de su nacimiento. En ese día consideran apropiado hacerse servir una comida más abundante que la de los demás días. En ella los persas ricos se hacen servir un buey, un caballo, un camello, y un asno enteros, asados al horno y los pobres se hacen servir animales menores.
TIPO DE ALIMENTACIÓN
LOS POSTRES LOS VUELVEN LOCOS
Toman pocos platos fuertes, pero muchos postres (se van intercalando entre plato y plato), y no todos a la vez; por esta razón los persas dicen que los griegos terminan de comer con hambre, ya que tras la comida propiamente dicha, no se les sirve nada que merezca la pena, pues, pues si se les sirviera algo exquisito, no dejarían de comer.
IN VINO VERITAS
Son, además, muy dados al vino. Suelen discutir los asuntos más importantes cuando están embriagados. Y las decisiones que resultan de sus discusiones las plantea al día siguiente, cuando están sobrios, el dueño de la casa en que estén discutiendo. Y si, cuando están sobrios, les sigue pareciendo acertado, renuncian a ello. Asimismo, lo que hayan podido decidir provisionalmente cuando están sobrios, lo vuelven a tratar en estado de embriaguez.
CARIÑOSOS SALUDOS
Cuando dos se encuentran por las calles, en lugar de dirigirse mutuos saludos se besan en la boca. En cambio si uno es de rango algo inferior, se besan en las mejillas. Y si uno es de condición mucho más humilde, saluda al otros postrándose de hinojos. A quienes más aprecian de entre todos, después de a sí mismos, es a los que viven más cerca de ellos. En segundo término, a los que vienen a continuación y, después, van apreciando a los demás en proporción a la distancia.
VESTIMENTA PERSA
Los persas son los hombres que más aceptan las costumbres extranjeras. Y, así, llevan el traje medo, por considerarlo más distinguido que el suyo propio, y, para la guerra, los petos egipcios.
LOS HIJOS LO SON TODO
Entre ellos demuestra hombría de bien quien, además del valor en la guerra, puede mostrar muchos hijos. Y al que puede mostrar más, el rey , todos los años,, le envía regalos, pues considera que el número hace la fuerza.
TRES COSAS ESENCIALES PARA EDUCAR
Desde los cinco, hasta los veinte años, sólo enseñan a sus hijos tres cosas: a montar a caballo, a disparar el arco y a decir la verdad. Y hasta que un niño no tiene cinco años, no comparece en presencia de su padre, sino que hace su vida con las mujeres. Esto se hace así con el fin de que, si muere durante su crianza, no cause a su padre pesar alguno.
A LOS RÍOS QUE NO LOS TOQUE NADIE
No orinan ni escupen en los ríos. Tampoco se lavan las manos en ellos, ni permiten que lo hagan otros. Al contrario, tienen por ellos una especial veneración.
UNA LETRA POR IGUAL
Sus nombres, que responden a la prestancia física o al porte, terminan, todos, por la misma letra, esa que los dorios llaman san y los jonios sigma. Si analizas la cuestión, descubrirás que los nombres de los persas terminan por dicha letra; y no unos sí y otros no, sino todos sin excepción.
EL ENTIERRO
El cadáver de un persa no recibe sepultura, mientras no haya sido desfigurado por un ave de rapiña o un perro. Además impregnan con cera el cadáver y, después, lo entierran.
UNAS ULTIMAS PALABRAS...
Para despedirme, como dios manda, os dejo un video para vosotros, alumnos y profesores que hacéis de Orriols un instituto sin igual.
Gracias a todos vosotros por haber hecho este año el mejor
de todos.
!Nos vemos!, !nos volveremos a encontrar por el camino!




















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